



No hubo respuesta. Pasé una antorcha por la abertura y la dejé caer dentro. Sólo me fue devuelto un tintinear de cascabeles. Sentí que una nausea me envolvía; su causa era la humedad de las catacumbas. Me apresuré a terminar mi trabajo. Puse la última piedra en su sitio y la fijé con el mortero. Contra la nueva mampostería volví a alzar la última pila de huesos. Durante medio siglo, ningún mortal los ha perturbado. ¡Requiescat in pace!
19:40 hs.
No hay comentarios:
Publicar un comentario