(aniquilando infancia)Escuchó que Miles Davis seguía sonando y abrió los ojos. Había estado leyendo hasta que sin darse cuenta entró en sueños. Recomponiendose en su silla (esas de madera que se hamacan), decidió que ese libro no le resultaba entretenido, lo cerró lentamente y lo apoyó sobre sus piernas. Se quitó los lentes cuadrados de hace unos años los cuales no tiraba porque les tenía cariño y lentamente dio un respiro de esos revolucionarios.
Segundos más tarde, se puso de pie apoyando los objetos en la mesita ratona, y se dirigió hacia la cocina. Miró su nuevo mantel cuadrillé rojo y le sonrió, giró y prendió la hornalla en donde se reposaba la pava con agua para el mate. Se sentó y esperó. Tan simple como eso.
Cuando se percató del chirrido de esa pava vieja y oxidada, despertó de su estado de ensueño y con el repasador en mano, apagó el fuego. Sacó de la heladera su torta de manzanas preferida, y la llevó hasta la mesita blanca del jardín del fondo. Volvió a la cocina a buscar el mate y los demás elementos y regresó.
Su único acompañante era Antonin, su gato de pelo suave y gris que la mimaba con su cabecita como queriendo jugar. Ella se agachaba lentamente de vez en cuando y le daba unas palmaditas en el lomo. Disfrutaba con todo su cuerpo el viento que le corría cerca.
Al descubrir uno de los botones de su batón desabrochado, eligió posicionarlo correctamente y mirándose las manos arrugadas, se dio cuenta de que ya estaba viejita como una ciruela. Aún así, siguió enamorándose del olor a sol hasta empacharse.
Claramente era un sábado lleno de nubes blancas y un cielo azul.
Lunes 3 de Enero.
1 comentario:
Me encanta como escrbis, mujer! Fue como tierno el texto, tiene un dejo de esperanza. No sé, así lo sentí yo (:
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