Suelo extrañar, a veces, lo poético de un té.
Lo bello de un lunar. De un botón.
Abstraerme de la inmensa totalidad para percibir lo diminuto, para poder aislarlo, contemplarlo.
Y así descubrir, que un ojo de pez, es luna.
Que el núcleo es carozo.
Que la polilla dentro, rueda y agita sus alas tan rápido por inquietud colorida.
Que un Domingo también puede ser mar.
Que el pájaro vuela hacia lo naranja.
Que lo prematuro es flor.
Que al principio el durazno tiene pecas.
Que el viento va, en son de caricia.
Vuelvo a extrañar, a veces, ese peculiar ósculo de verano sandía.
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