domingo, 6 de octubre de 2013

Uncadáver.

La sangre corría chispada de amordimensión,
   desconocida; 


como un niño que inhala la espontánea paciencia que los árboles tienen 
con los humanos, 
criaturas extrañas con marcas en la piel,                          jugosas como el durazno y el poro abierto y desgarrado.



                                                                 Comiendo chocolate, placer de los dioses mágicos,
 escupiendo nubes sublimes, y ellas, indirectas              y amarillas.


Júpiterdos
Quierolos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encantó. Diría algo más sobre esta poesía pero todavía estoy intentando descifrar los últimos dos versos.
Un beso!