La sangre corría chispada de amordimensión,
desconocida;
como un niño que inhala la espontánea paciencia que los árboles tienen
con los humanos,
criaturas extrañas con marcas en la piel, jugosas como el durazno y el poro abierto y desgarrado.
Comiendo chocolate, placer de los dioses mágicos,
escupiendo nubes sublimes, y ellas, indirectas y amarillas.
Júpiterdos
Quierolos
1 comentario:
Me encantó. Diría algo más sobre esta poesía pero todavía estoy intentando descifrar los últimos dos versos.
Un beso!
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