viernes, 2 de septiembre de 2011

Conceptos perdidos a causa del acecho de lo somero.

El sol sobre el cuerpo desnudo en el techo de mi cajita cotidiana, que cuenta con cigarrillos y la taza roja con las marcas de la espuma del café por dentro. Las cuerdas tibias por ese absoluto calor y mis volutas de humo desparramándose por el aire puro y fresco de esta segunda tarde de Septiembre.
Me encuentro en un infinito vergel, en donde el instante me deleita con todo lo congénito, con toda esta belleza necesaria y oportuna.
Un fomento a la no reflexión adversa y a los clichés de los días pasados. Un fomento que permite postergar aquellas neurosis e inquietudes que se suelen poseer sin una razón palpable.
Luego de un lapso no tan ingente, vuelvo a estar en el abismo de los síntomas que había disipado momentánea o efímera mente según las evidencias aquí narradas. Surge una adversidad que magulla y se acrecienta con los factores externos, que colaboran con esta acción. No es una opción contribuir, respaldar o intervenir en el asunto. Lo creo insoluble, me creo baldragas, lo creo un tanto utópico, contraponiéndose a que no soy yo la que lo estima.
Espero un viento austral que me hiele los huesos, De manera temple, también espero.
Desarticulo los últimos renglones y reaparezco en la totalidad de lo absolutamente casto. Me basta con imaginar y regenerar la imagen de eso plena e incólume mente maravilloso.