En un cuadro de vidrio delgado, se visualizan imágenes de aeroplanos absoletos, con tonos cálidos y surrealismo. Y hay un ser humano y sos vos. Que mirás desde el suelo aquellos objetos lejos de tus manos.
Emigran de la mesa de madera marchita. Que está repleta de trazos ocultos.
Y la espuma de mi taza tambalea y baila sin compás, sin goce alguno. Calmosa mi vasija profunda. Cada gota que rebalsa produce una tole con el resto del café. Café rebelde de primavera.
Sacudiendo la brújula de tu bolsillo izquierdo, determinás el sol. Astro encendido, tibio. Asquerosamente tibio.
Proyectás turbación y el gato negro de la esquina en la que estás parado denota impavidez.
Incurrí confundida y las luces. Las luces bajaron. Y ahora mi café está cercano, sereno.
Aguardo dos porciones de maza dulce para mi cuerpo. Y la música es inentendible. Diría desagradablemente asquerosa, pero lo es por no aceptarla mis oídos y yo. Se hace intolerable.
Yo no quiero escribirte una poesía porque te darías cuenta. Fugaces van a ser mis palabras. Así de fugaces como cuando el viento te arrastra y congela la cara. Pero a mis palabras no las vas a ver, se van a hacer inalcanzables para vos.
La perdurabilidad de mi pelo mojado es menoscabo. Aunque sufro un deleite inmenso por el efecto que me causa.
En el peldaño número tres, está tu brazo. Suelto, así nomas. Sé que es el tuyo. Está finado y pétreo. Inopia de sensatez! qué hiciste con el? Un brazo no se pierde solo.
Mugriento el piso de la habitación, persiste de ese modo desde que lo conocí. Desde que jugábamos a cantar para los incorpóreos. "Loquita, loca".
Literal la falta de atención, pobre piano solo, allá abajo. Fecundo. Pobre piano injusto, desdeño para aquella pieza estimada.
Dos hojas de papel blanco para la demora. Yo solo quiero 2 medialunas 16 escalones arriba. Abajo no debe estar realmente repleto.
Está frío mi café, mi taza pálida. Veo a los responsables pasar y les resulto inexistente. Sólo uno de ellos tiene el discernimiento de que estoy de este lado. Qué desbaratuje más notable.
Comienza la media hora de apuro. Comienza ahora, que la nombro. Justo cuando los pasos del supuesto comprometido empiezo a descubrir.
Pero no, cándida! no es el, y el segundo tampoco. Es una mofa y ya quiero abandonar las medialunas, la mesa y esta sala indecente y descortés.
En unos minutos voy a bajar. Aunque todavía, faltan muchos giros de aguja. Veinte minutos, para ser completamente exacta.
Que embauque. Los poetas son menos importantes. Veo sus actos y comienzo a divagar. Ignota sos.
Y el vaso de agua con gas de mi mesa aburrida y movediza, debe estar podrido y tibio como yo, que espera. Qué desagrado.
La ansiedad logra bloquear mi discurso y doy principio al escape de este repugnante (ahora) espacio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario