cuánta sed y tu pegajosidad. que un océano es mi oración y tu luz en mi vientre.
y tu desayuno es un círculo del espíritu oriente, y la ola la escuchas en un caracol, el caracol extensión de tu oreja. lo llevas colgando.
nectarcito de otoño escondido, encendido. Cuánta flor y rebelión, pequeña tragedia y besos galácticos.
y el rojo era la risa, tu boca y el aroma a ciudad llovida. que adivino tu tercer ojo y su intención. y que tu místico ombligo me devora y me convierto en naranja.
plantarme como tu semilla lumínica.
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